Penitenciaría de México

Con influencia de la escuela arquitectónica francesa, en la segunda mitad del siglo XIX se construyen en México, y particularmente en la capital del país, bellos y disímbolos edificios. Paralelamente se fueron dando mejorías urbanas: se erigieron monumentos, se embellecieron con fuentes las principales arterias de la capital, se construyeron modernos y amplios mercados y se edificaron estaciones de ferrocarril que ostentaban la ligereza de sus estructuras de hierro. De igual manera, la prensa periódica da cuenta de que casi por toda la República se construían cárceles o se modernizaban y se hacían mejoras sanitarias en las ya existentes.

Aún antes de que se promulgara la Constitución de 1857, el gobierno ya había considerado modificar el defectuoso sistema carcelario que existía en el país. El arquitecto Lorenzo de la Hidalga había presentado un proyecto para construir una penitenciaría en la ciudad de México, el cual contemplaba un solo conjunto de cuerpos radiales así como la separación de las oficinas administrativas, siendo éstas la fachada principal, que era perpendicular al eje central del conjunto, rodeando todo por un muro.

En 1881 se encargó el desarrollo del proyecto a una comisión compuesta por los señores. José M. del Castillo Velasco, José Yves Limantour, Miguel S. Macedo, Luis Malanco y Joaquín M. Alcalde, además de los generales José Ceballos y Pedro Rincón Gallardo, D. Agustín Rovalo y los ingenieros Antonio Torres Torija, Remigio Sáyago y Francisco de P. Vera. A la comisión se le había requerido que adoptara el Sistema Auburn, consistente en la incomunicación de los presos durante la noche y su comunicación en el trabajo durante el día.

Al Ing. Antonio Torres Torija se le encargó el proyecto arquitectónico. El diseño encomendado se basó en la ideología de los panópticos, reclusorios pensados por Jeremías Bentham. Ese nombre expresa que su utilidad esencial es la facultad de ver desde un punto central todo cuanto se hace en el interior de un edificio o cárcel, y que recíprocamente desde cada celda pueda verse dicho punto central. Con ello se buscaba asegurar, arquitectónicamente, una visibilidad general de todo lo que sucedía en el interior del edificio.

Después de un estudio se decidió utilizar un predio conocido como la cuchilla de San Lázaro, que fue propiedad de un español de apellido Lecumberri. La cárcel se construiría en el terreno ubicado en la prolongación de la calle del mismo nombre.

El 9 de mayo de 1885 se iniciaron los trabajos de cimentación del edificio en la parte destinada para los hombres. En 1887 se concluyó la cimentación bajo la dirección del general. Miguel Quintana; en 1892, por el fallecimiento del mencionado general, se encomendó la dirección al ingeniero y arquitecto Antonio M. Anza, quien prosiguió con la obra hasta la terminación del primer piso.

El edificio emplearía el acero como principal material ya que el sitio de emplazamiento exigía que se diera gran profundidad a los cimientos e incluso que el piso se construyera sobre bóvedas internas.

Con el fin de terminar en el menor tiempo la obra, se contrató a la Pauly Jail Building Manufacturing Company, de Saint Louis Missouri. Esta compañía se comprometió a realizar el segundo piso en la parte de las celdas con material de acero, siguiendo los planos y especificaciones del Ing. Anza, quien se encargó de la inspección y sobrevigilancia. La obra se terminó en la fecha comprometida y fue entregada el 24 de enero de 1896. Poco mas tarde, aún durante la primera mitad de ese mismo año, se construyó la torre central.

La planta diseñada por el Ing. Torres Torija para el palacio de Lecumberri siguió los ejemplos clásicos de las penitenciarías del siglo XIX, como el de la Santé de París y el de Filadelfia en Estados Unidos. Consideraba un pequeño patio dentro del cuerpo principal, en donde se localizaban la dirección y los juzgados antiguos y un gran conjunto con forma de estrella formado por siete crujías de distintas longitudes; la más pequeña de 49 metros de largo y la mayor de 121 metros. El total de las celdas construidas fue de 886 y en el centro de la estrella se ubicó una torre de vigilancia que contenía los tanques para almacenar agua.

Si bien se terminó la construcción de la penitenciaría a fines de 1897, su inauguración se aplazó por la imposibilidad de conectar la atarjea del edificio con el Gran Canal del Desagüe. El edificio tuvo un costo de $2’396,914.84 de esa época.

Terminado el edificio y dotado de cuanto necesitaba, se realizaron también las reformas legislativas que exigía el funcionamiento del sistema adoptado y la expedición del Reglamento General de Establecimientos Penales del Distrito Federal.

La inauguración de la Penitenciaría se llevó a cabo el 29 de septiembre de 1900 a las 9:00 a.m, con la presencia del presidente de la República, el general Porfirio Díaz, y su gabinete.

De los años 1908 a 1910 se realizaron trabajos de ampliación en el área de celdas de las crujías: “B”, “C”, “D”, “E” y en los talleres del lado sur.

La penitenciaría albergó a ambos sexos hasta 1954, año en que se puso en servicio la cárcel de mujeres. Con este hecho la cárcel de Lecumberri quedó sólo para varones.

A lo largo de 76 años, el palacio de Lecumberri fue escenario de aconteceres sociales y políticos; vivió las crisis que se sucedieron en México a lo largo del siglo XX: la Revolución Mexicana, la guerra cristera y movimientos sindicales, políticos y sociales. En sus paredes fueron plasmadas obras pictográficas de varios artistas, entre quienes sobresale Siqueiros, que dejó testimonio de su estancia en el que en su tiempo fue conocido como “Palacio Negro”.