Carta
de María Josefa Ortiz de Domínguez
al virrey Félix María Calleja, 1814
Excelentísimo
señor:
Hace un
mes me separaron por orden de Vuestra Excelencia del lado de
un marido muy hombre de bien cuya conducta le es de Vuestra
Excelencia bien notoria y que ha servido muchos años
al Rey con la mayor fidelidad y desinterés y con el acierto
de que hay pocos ejemplos especialmente en estos tres años
en que a nadie como a Vuestra Excelencia le consta su parte
y sabe muy bien ha sacrificado su salud e intereses en cumplimiento
de sus deberes y me extrajeron del seno de una honrada y numerosa
familia compuesta de catorce hijos los mas de ellos pequeños
pues el mayor cuenta veinte años al cual puso su padre
voluntariamente al servicio del Rey en el regimiento de la ciudad
de Querétaro donde se ha portado con la hombría
de bien que corresponde, presentándose en los ataques
a que ha asistido con valor de que son testigos sus jefes y
la ultima de un año la que fue arrancada de mis brazos
para ponerme en el camino dolor justísimo que todavía
me tiene atravesado el corazón, salí por fin excelentísimo
señor de aquella ciudad a la primer jornada que fue a
San Juan del Rió donde llegue a las oraciones de la noche
[f. 292v] casi desmayada por no haber probado bocado, rodeada
de soldados como el reo mas facineroso casi con centinela de
vista pasando mil trabajos y alojada en Huehuetoca en el cuartel
sin ninguna distinción a una señora teniendo que
ver a los soldados la cara para que por mi dinero me trajeran
de comer sin poder conseguirme entraran en esta ciudad de noche
para excusarme del sonrojo que padecí al pasar por entre
el innumerable concurso de gente que había en la garita
a las doce del día, fui conducida a este convento con
el mayor escándalo donde llevo veintidós días
con hoy, sin que se me haya hecho saber el motivo de mi prisión,
lo cual me tiene en la mayor confusión, pues ignoro cuales
sean mis delitos que han merecido semejante castigo. Excelentísimo
Señor, yo estoy bien segura de que serán los
que hayan forjado mis enemigos y enemigos de la paz, pues yo
protesto delante de Dios y delante de Vuestra Excelencia me
juzgo inocente y sin ninguna culpa.
Por
tanto a Vuestra Excelencia suplico que atendiendo a mi situación
no me negará darme un rato de audiencia para que Vuestra
Excelencia quede satisfecho [f. 293] y yo vindicada de los delitos
que se hayan imputado, y fío de su corazón benigno
y compasivo se dolerá de las lagrimas de una familia
para concederme la libertad que pongo en sus manos y no dudo
de su feliz éxito.
Dios
guarde a Vuestra Excelencia los muchos años que le desea
su servidora que atenta besa su mano
María
Josefa Ortiz [rúbrica]
Operaciones
de guerra, vol. 5 exp. 2 UDS Y- 47, fs. 292-293.