PALEOGRAFÍA

Causa contra Mariano Michelena, 1809-1817

[Denuncia secreta]

En la ciudad de Valladolid a veinte y cuatro de diciembre de mil ochocientos nueve. Ante mi el escribano y a presencia del Señor Juez de esta causa compareció un eclesiástico protestando que de su denuncia no haya de seguirse causa de sangre y que por ningún pretexto ni motivo haya de declararse su nombre como no sea en el caso de que el sujeto que dirá negare esta exposición y precisamente para convencerle de haberle dicho lo siguiente: El día veinte y uno del corriente como entre once y media o doce y media le preguntó al denunciante don Luis Gonzaga Correa que hasta ahora ha vivido en Jaripeo, jurisdicción de Zitácuaro qué novedades había, y habiéndole dicho que chismajos, dijo Correa, no tan chismajos por que yo llegué ayer a verme con don Mariano Michelena y concurrí con él, con su hermano don Nicolás, con el capitán don José María García Obeso, y con don José María Abarca (no se acuerda el denunciante si le dijo que en casa del Capitán García o en otra parte) y se trataba de un levantamiento sin que corriera sangre en la junta a que yo asistí; y como don Mariano Michelena decía que no quería ser cabeza, y don José María Abarca ponía muchas dificultades en la ejecución, se [f. 260v] disolvió la junta y me citaron para esta tarde; pero ahora mismo me marcho; que había plan es cierto, porque el mismo Michelena le quemó anoche a mi vista. El que denuncia procuró desprenderse de Correa para consultar lo que debía hacer; y habiendo ido al mesón a decirle a Correa que delatase los sujetos de quienes le había hablado le contestó, yo en nada me meto, ahí veremos, ahora mismo me marcho; como en efecto ya cuando el denunciante llegó se estaba cargando el almofrer; que no tiene presente el que expone si Correa le dijo, que estando en esta ciudad o en Osumatlán le escribió don Mariano Michelena o le dijo que juntase alguna gente. Siendo lo que ha expuesto cuanto sabe y de que tendrá ya noticia el Señor Juez por un eclesiástico de carácter a quien el que expone consultó en el asunto, sirviendo esta denuncia en comprobación de aquel dicho. Leyéndose lo que antecede al denunciante manifestó que no entendió fuese motivo de disolverse la junta las objeciones de Abarca, y la exposición de don Mariano Michelena, sino que uno y otro le dijo al exponente. Firmó esta diligencia el Señor Juez por ante mí de que doy fe.
Terán [rúbrica]

Ante mí
José María Aguilar [rúbrica]
Escribano Real

[Declaración de don Mariano Michelena]

La ciudad de Valladolid a diez y seis de enero de mil ochocientos diez: El señor teniente letrado intendente interino pasó acompañado de mí el escribano al convento del Carmen, donde se halla preso don Mariano Michelena, alférez del Regimiento de la Corona, de estado soltero de veinte y ocho años de edad, a quien en su persona que conozco se le recibió juramento que hizo por Dios Nuestro Señor y bajo la palabra de honor, ofreciendo a Dios y al Rey decir verdad en lo que supiere y fuere preguntado; y siéndolo con arreglo al auto del principio y demás constancias en estos autos, dijo: que trata de hacer una relación completa y circunstanciada de todas sus operaciones y motivos, empezando por asegurar bajo del juramento que tiene hecho, que todas sus miras, objeto y deseo, era que se conservaran estos dominios para Nuestro Rey el Señor don Fernando Séptimo o quien legítimamente representare su persona o sus derechos. El que declara vio en el año de ochocientos ocho la deposición del Señor Virrey don José Iturrigaray y sucesivamente oyó decir, ya que uno salía traidor, ya que otro entregaba, y ya en fin que uno seguía por un rumbo y otro por otro: oyó así mismo que los cuerpos de Consulado, y Minería tenían disputas y estaban revueltos, aunque no puede señalar hechos particulares que los tuviesen inquietos: oyó posteriormente que un inglés estaba mapeando a Guanajuato; después que había venido un cónsul inglés, y que una armada in [f. 325] glesa estaba próxima; y por último que se conspiraba contra la vida del señor Garibay, siendo Virrey, habiendo llegado a oír que rindiérase o no la península, la América había de seguir su suerte, según y como sucedió en la guerra de Sucesión. El que declara había visto anteriormente cuando vino la noticia de la prisión del señor don Fernando Séptimo, la variedad de opiniones, unas sobre que podría la España sostenerse, y otras que habría de rendirse a la Francia y por consiguiente que sucedería lo mismo con la América. Todos estos antecedentes y otra infinidad de datos semejantes acaloraron al que declara en términos que por la especie que así mismo vió en gaceta o papel público sobre que se procurasen reunir los ánimos para no caer bajo de la dominación de la Francia, le obligaron por el mucho amor que siempre ha tenido al Rey, a averiguar los pensamientos de todos sobre este importante asunto para el caso de que fuese necesario usar de defensa. Que desde el mes de agosto según puede acordarse le pidió licencia su dependiente don Lorenzo Carrillo para ir a Zitácuaro en tiempo en que estaba parada la negociación de Osumatlán donde le tiene de administrador y le dijo el que declara que averiguase y viése si había algún hombre de representación y carácter conocidamente afecto al partido del señor don Fernando Séptimo a quien encargase que examinara los ánimos para saber de qué modo de pensar eran, diciéndole según se [f. 325v] acuerda que el pensamiento era que en el caso de que sucediera la perdida de España como se temía o que tratara de hacerse algo contra el Rey, se formaría una Junta Nacional bajo el mismo pie de las de España, y no tiene presente si le dijo alguna otra cosa a Carrillo. Que la respuesta que trajo Carrillo fue que había dejado encargado del asunto a don Luis Correa, quien le había dicho que respondería de lo que resolviese; y como Correa nada decía le escribió el que declara, no se acuerda con qué fecha, ni tampoco si Correa le contestó. Posteriormente escribió el que declara otra vez al mismo Correa sobre el propio asunto, mas no se acuerda de que en particular le dijese otra cosa que el que acaso se verían en Zitácuaro, y Correa le contestó ofreciéndole su casa. Que en principios de diciembre o fines de noviembre según se acuerda concurrieron en Osumatlán el que declara y don Luis Correa, y le trató a éste del propio asunto, asegurándole que cuando llegara el caso de defender la causa del Rey, se podía contar con todos los principales de la provincia, añadiéndole que no hiciese cosa popular, sino que hablara a pocos sujetos y de cabeza, que fuesen [f. 326] hombres de bien y tuviesen obligaciones, y que por último debiesen estar entendidos de que desde Valladolid se les avisaría en el caso de que se determinase alguna cosa para que en un mismo día se decidiesen todos por la buena causa; pues el golpe de la provincia serviría para que las demás siguieran su ejemplo, con lo expuesto se separaron quedando el que declara en que mandaría un sujeto a saber la última resolución, como efectivamente mandó a don Mariano Chávez para que el día ocho de diciembre concurriera con Correa en Zitácuaro. Don Mariano Chávez le trajo la respuesta de que Correa nada había hecho y que se verían en esta ciudad muy pronto, y no habiéndolo verificado le escribió el que declara para que lo hiciese con el objeto de comenzar las contestaciones pronto, a lo cual dio motivo una carta que su hermano el licenciado don Nicolás dijo haber visto al contador de Cajas Reales don Nicolás Quilty, escrita de Granada en que se pintaba el malísimo estado de las cosas de España; y al mismo tiempo la demasiada fermentación o rumor que se había extendido de que los europeos del reyno dependientes de los consulados querían degollar los principales criollos o americanos, dando por razón la liga o enlace de [f. 326v] intereses que tienen éstos con los de España. Que posterior al día cuatro de diciembre fue a Pátzcuaro el que declara con el objeto de pedir licencia al señor coronel para el teniente del regimiento de dragones don Ramón Terreros, y estando allí concurrió y contestó sobre el asunto que tiene referido y en los propios términos con don José María Abarca, el capitán don Mariano Jaso, don José María Escobar, y otro sujeto que no se acuerda quién fue, a quienes expuso sus pensamientos concluyendo con decirles que si no les parecían bien podría tomarse el arbitrio de consultar representado al Excelentísimo Señor Virrey, sin embargo de que pudiera no tener efecto porque con las contestaciones que se decía haber en México podía estar impedido su Excelencia para deliberar con libertad, o que se juntase una buena cantidad de dinero con el objeto de socorrer a Nuestro Rey aunque fuesen muchos los costos, manifestándole de este modo la adhesión y respeto y el deseo de permanecer siempre unidos a la monarquía; o en fin, que viniendo a esta ciudad con lo que a cada uno le pareciese mejor se determinaría en la concurrencia que hubiese de tenerse para deliberar el medio que se debía tomar. Que muchas especies sueltas relativas a lo propio aunque no contraídas a la comparecencia en esta ciudad les dijo en Pátzcuaro a otros varios sin que se acuerde ahora demás que del administrador de alcabalas. Y habiendo quedado en concurrir don José María Abarca les dijo el que declara que en esta ciudad siendo justo lo que se tratara se podría contar con la [f. 327] parte más principal de ella porque le consta al que declara, la buena intención y apego al Soberano de todos los que la componen, particularmente si antes se les pedía su anuencia para lo que se hubiera de emprender, lo cual les dijo no obstante de no haber comunicado su modo de pensar con ninguno del cabildo eclesiástico y secular. Que en esta ciudad dijo el que declara que podrían contarse de siete a nueve sujetos que ciertamente creía que no faltarían para tener parte en un asunto que a todos interesaba y sobre que se deseaba deliberar con el mayor acierto. Venido aquí manifestó los pasos que había dado y el objeto aunque no en toda su extensión al capitán don José María García, y como ya desde el nueve de diciembre empezó a ser mayor la fermentación, escribió a Pátzcuaro a don José María Abarca por un soldado que fue a traer un desertor y posteriormente por conducto del capitán don Mariano Jaso; mas con todo no llegaron Abarca y Correa que fueron los únicos a quienes de fuera de la ciudad comunicó este asunto para que viniesen hasta el diez y nueve de diciembre el uno, y el otro el día veinte. Que el día veinte por la mañana concurrió y citó a don José María Abarca para la noche en la casa de su hermano don Nicolás, y a don Luis Correa en la tarde de aquel día; y en la misma tarde avisó al capitán García, diciéndole que para la noche concurriese en casa de su hermano a donde habían de reunirse el expresado Abarca y don Luis Cor [f. 327v] rea. En efecto, fue el declarante a buscar a Correa y con él marchó para la casa de su hermano después de la oración; entró luego el capitán don José María García, y uno por último don José María Abarca, que preguntado porqué se había detenido, respondió que había estado en casa del presente señor juez con motivo de un mono de madera que había traído de Pátzcuaro. Juntos los cuatro propuso el que declara leer un papel en que expresaba los giros que se podían tomar reducidos a la conservación del reyno, según lo que ya tiene dicho al principio, que el expresado papel no se acabó de leer porque uno de los concurrente que no se acuerda quién, dijo que no se leyese, con cuyo motivo comenzó el que declara a referir las especies que contenía, y siendo una de ellas la formación de las juntas bajo el mismo pie que las de España, esto es que hubiera subalternas y suprema, llevando todas la voz del Rey según el reglamento de la península que era el papel que quería leer, y que para comenzar debían antes ponerse de acuerdo todos los sujetos principales de los pueblos de la provincia que en virtud de la propuesta dicha se suscitó disputa por uno de los concurrentes que no se acuerda sobre el gobierno militar y político y sobre otras cosas, algunas no conducentes. Que al fin se dijo por Abarca que sería bueno recidiera el mando mili [f. 328] tar en el capitán García, mas que no debía estar separado del gobierno político sin embargo de que se había propuesto que estas dos autoridades estuviesen separadas. Tratóse también sobre gente y el que declara dijo que el pueblo entusiasmado y libre de tributos y cajas de comunidad haría un grueso de diez y ocho o veinte mil hombres y entre ellos los dos regimientos de la provincia. Que viendo el que declara que no se consideraba real y verdaderamente tal número de gente, propuso que iría con el regimiento de infantería a Celaya o fuera de la provincia y traería más, y que entre tanto vendría aquí el de dragones de ella. En toda esta relación se conoce los ningunos fundamentos ni principios que había para un proyecto; y además la buena disposición del que declara se percibe de que haciéndole fuerza la reflexiones de don José María Abarca y deseando siempre seguir lo mejor, protestó esa misma noche a don Luis Gonzaga Correa sin salir de la pieza que en nada se metía ni debían entenderse con él, contestaciones sobre este asunto, lo mismo protestó a don Lorenzo Carrillo delante de quien quemó el papel de que ha hablado; lo propio acordó con el capitán don José María García; y en el referido concepto mandó un recado el día veinte y uno por la mañana al mismo [f. 328v] Correa con quien había quedado en la noche anterior de mandarle una copia del papel, sin embargo de que también le aseguró que ya no había de regir y que el motivo de no mandarle la copia era porque había quemado el papel. Que en la noche de la concurrencia después de haber salido el capitán García y Abarca, le preguntó al que declara don Luis Correa que con qué dinero se contaba, y le respondió que con trescientos o quinientos mil pesos que habría en cajas y con mucho dinero de particulares; siendo la idea del que declara el que para un asunto de tanto interés por el Rey, ni aquel dinero debería excusarse ni los particulares lo negarían, pero que nada de esto debía entenderse con el declarante, sí no con el Capitán García por que como ya tiene dicho en nada se metía. Preguntado sobre que explique el último párrafo de la carta de fojas 8 escrita a diez y seis de diciembre de San Bartolomé que se encontró en su poder dijo: que la carta es la misma que o le entregó su hermano a quien se dirige o el declarante cogió; y en cuanto a la explicación del párrafo no sabe absolutamente sobre que recibía ni había reflejado en él. Preguntado con qué objeto fue la mañana del veinte y uno de diciembre a casa del Capitán García y con quien dijo que fue con su hermano el Licenciado a saber lo que había traído un extra [f. 329] ordinario que llegó ese día. Preguntado si a don Camilo Camacho que escribió la carta que había visto dio parte de su proyecto, y si lo hizo también a algunos otros de esta ciudad diga a quién o a quiénes y si entre ellos se comprendía el padre fray Vicente Santa María, dijo que ni a don Camilo Camacho, ni al padre Santa María habló nunca sobre su modo de pensar, y en cuanto los demás no les ha dicho sino solo ideas generales, como a don Mariano Chávez y don Lorenzo Carrillo, sin que se acuerde de otros muchos a quienes ha dicho una u otra especie. Preguntado qué sujetos concurrían en la casa de su hermano el Licenciado Nicolás y en la del Capitán don José María García y de qué asunto se trataba y en qué términos, dijo: Que en la casa de su hermano concurría el padre fray Vicente Santa María, don Nicolás Quilti, don José Villar, el Licenciado Robledo y algunos otros de que no se acuerda, y en casa del Capitán García concurría mucha gente que en realidad no puede señalar; y en cuanto a asuntos de que se trataba era de todos sin que jamás oyera cosa menos regular. Preguntado si en una u otra parte concurría el Licenciado Soto, si le comunicó su modo de pensar de qué trataba, dijo que ninguna estrechez tiene con el que se le cita, y no hace memoria de haber hablado largo con él. Preguntado qué sujetos concurrieron a la casa de su hermano la noche del día catorce de diciembre y de qué se trató dijo que no se acuerda quiénes fueron más, si un clérigo que no conoce a quien el que declara dijo que no [f. 329v] tuviese cuidado, pero que era bueno estar prevenido. Preguntado si en otras ocasiones posteriores al día referido o antes concurrieron a unos otros sujetos en casa de su hermano, dijo que absolutamente no se acuerda ni ha hecho refleja en varios sujetos que allí han concurrido por razón de su oficio de abogado. Preguntado si supo si oyó decir quién hubiese sido el motor de las inquietudes que se dijo haber en el pueblo en el mes de diciembre último, y si en ellas entraba el Regimiento de Milicias, dijo que nada supo sobre el contenido de la pregunta, aunque a muchos sujetos que no tiene presente quiénes fueren que llegaron a decir al que declara de tal indisposición de ánimos trató de contenerlos; manifestándoles que supuesto de no haber un fundamento o dato cierto sobre qué fundar tal agresión debían contenerse. Manifiesta el que declara que en este punto que aunque en realidad estaba convencido de la verdad de la respuesta que les daba, no dejó de conocer que algún espíritu inquieto había dado motivo a tales voces y fermentación, mas nunca supo quién fuese. Preguntado si al padre fray Vicente Santa María le oyó alguna vez explicarse de modo que [f. 330] manifestara deseo de una revolución en este Reino y mala voluntad hacía las cosas de España, deseando que éstas y sus aliados pereciesen, dijo que aunque le oyó varias especies relativas al contenido de la pregunta, nunca creyó que fuese esa su intención, puesto que era tal el ardor que tomaba en estas cosas y tan pronto se le apagaba que unas veces creía perdida España y otras tenía por imposible que se perdiese, por lo cual nunca formó idea de sus producciones ni servía de otra cosa que de diversión en la casa de su hermano. Preguntado con qué sujetos contaba del cabildo eclesiástico para su proyecto, dijo que ninguno había hablado porque nunca tuvo resolución de ejecutar cosa alguna, pero que para en el caso de que hubiese sido necesario defenderse desde luego creían que ninguno hubiera faltado, pues éstas eran todas las miras. Preguntado si el día veinte y uno o antes trató el Capitán García con el exponente sobre reunir los barrios de esta ciudad de naturales y de otras castas, diga para cuándo y con qué objeto, dijo: que anterior al día veinte y uno de diciembre ciertamente nunca le habló el Capitán García sobre semejante [f. 230v] asunto, y en cuanto al día mencionado no tiene presente, y se inclina a creer que nada le diría, puesto que el que declara como tiene dicho ya se había desistido de todo. Que lo expuesto es la verdad por el juramento hecho con que se ratificó leída que le fue esta su declaración; y añade que cuando oyó decir que se había atentado a la vida del Señor Garibay, oyó también que se atentaba a la del Excelentísimo Señor Virrey actual, por cuyo motivo habían puesto numerosa guardia: que en el tiempo de las incertidumbres sobre el partido que debían seguirse supo también que el Señor Intendente difunto de esta Provincia había dirigido un pliego al Duque de Berg como regente de España, se ratifica igualmente en lo último que ha expuesto y lo firma con el Señor Juez por ante mí que doy fe. entre renglones. que unidos. concurrencia. de Diciembre. vale. TESTADO. deberse. junta. y a su hermano el Licenciado Don Nicolás. no vale.

Terán [rúbrica]

José Mariano de Michelena [rúbrica]

Ante mí:
José María Aguilar [rúbrica]
Escribano Real

Infidencias, vol.23, fs. 260r-260v.
Infidencias, vol.23, fs. 324v-330v.