Original.
Acta de la elección de
Morelos como Generalísimo, 1813
El día
quince de septiembre de mil ochocientos trece años, se
juntaron en la iglesia parroquial de esta ciudad el Soberano Congreso
Nacional con su presidente, el señor Capitán General,
doctor don José Sixto Verduzco, que momentáneamente
se señaló para el presente acto, el Excmo. señor
Capitán General don José María Morelos, el
Excmo. señor Teniente General don Manuel Muñiz,
el señor Vicario General Castrense doctor y prebendado
don Francisco Lorenzo de Velasco, un número muy considerable
de oficiales de los ejércitos de la Nación y los
electores para representante de la provincia de Teipan que a la
sazón se hallaban aquí. Y habiéndose procedido
al nombramiento de un Generalísimo, de los cuatro Generales
de la Nación, a cuyo cuidado quedase el mando general de
las armas y el desempeño de cuantas funciones militares
se ofreciesen en el Reino, salió electo para el referido
empleo de Generalísimo por uniformidad de sufragios, tanto
de los que estuvieron presentes como de los que por ausencia remitieron
sus votos, como consta de los oficios a que me refiero, el Excmo.
señor Capitán General de los Ejércitos Americanos,
don José María Morelos. Se aprobó por el
Congreso el nombramiento y, en su consecuencia, previno al Excmo.
señor elegido que otorgase el juramento correspondiente.
Su Excelencia, entonces,
por un movimiento de su natural moderación y humildad,
después de haber dado a la concurrencia gracias muy cumplidas
por tan señalado favor, hizo dimisión del cargo
con las protestas más sencillas de que era superior a
sus fuerzas y de que no se juzgaba capaz de desempeñarlo
como era necesario. El señor Presidente repuso en el
momento que tal demostración dimanaba seguramente de
su suma humildad, y no porque en la realidad fuese inepto para
llenar los cargos del destino; por lo cual le suplicaba lo aceptase,
como que éste era el deseo de los pueblos. Dijo después
el Excmo. Señor Quintana que el Congreso no podía
en lo pronto determinar si se le admitía o no la renuncia
hecha por el Excmo. señor Morelos; que era preciso tomarse
algún tiempo para deliberar sobre el asunto, con lo cual
se conformaron los demás señores vocales.
La
oficialidad se opuso a esta proposición diciendo, por
la voz del señor Vicario General Castrense, que el señor
Morelos había sido electo para Generalísimo por
aclamación de los pueblos y ejércitos; que todos
suspiraban porque lo fuese y, por consecuencia, consideraba
inadmitible la dimisión que hacía el expresado
señor Excmo. Repuso el Congreso que, a pesar de esas
reflexiones, era indispensable que tuviese algún espacio
para deliberar sobre negocio tan grande, pues huía de
que en cualquier tiempo se notasen sus decretos de precipitados.
Resistió sin embargo la oficialidad que se concediese
plazo alguno, pues era excusada la discusión sobre asunto
tan claro, siguiendo por ahí una disputa que terminó
por la propuesta que hizo el Supremo Congreso reducida a que
se le permitiese siquiera el cortísimo tiempo de dos
horas para decidir sobre materia tan importante. Retiróse
con efecto a pieza separada, en donde discutido el punto, acordó
lo contenido en el decreto que a la letra se inserta:
"Los
representantes de las provincias de la América Septentrional,
reunidos en Congreso pleno el día quince de septiembre,
habiendo procedido la oficialidad del Ejército y el cuerpo
de electores al nombramiento de Generalísimo, que reuniese
a esta dignidad la del Supremo Poder Ejecutivo de la Soberanía
Nacional, resultó electo por aclamación general
el Excmo. señor Don José María Morelos,
quien en el acto hizo dimisión del empleo en Congreso
representativo. Y no pudiendo admitir ni negar sin premeditación
la solicitud del elegido, decretó se difiriese la votación,
por las graves consideraciones que se tuvieron presentes. Pero
habiendo insistido el pueblo en su primera aclamación,
resistió la moratoria que había reservado el Congreso
para la definitiva del asunto; y firme en su primer voto, instó
a que en el acto se declarase, sin lugar la pretensión
del Excmo. señor elegido, por lo que tuvo a bien retirarse
en sesión secreta para determinar lo conveniente. Y en
su consecuencia, recorriendo toda la historia de nuestra gloriosa
insurrección, halló que el más firme apoyo
que la ha sostenido, aun en épocas desgraciadas, ha sido
el mencionado Excmo. señor Capitán General, por
cuya incomparable pericia, acierto y felicidad, ha tomado el
más extenso vuelo la causa de la libertad; y no habiendo
quien le iguale entre los conocidos jefes en tan necesarias
prendas, y fundado en la misma aclamación general tan
conforme a los sentimientos del Congreso, que en sus debates
con el pueblo ha tenido mil motivos de regocijo, decreta: Que
la renuncia interpuesta por el Excmo. señor Capitán
General Don José María Morelos no es admisible
ni puede diferirse por más tiempo la posesión que pide el pueblo; por lo que el
Supremo Congreso, en uso de sus facultades soberanas, lo compele
a la pronta admisión del empleo y reconoce en él
el primer jefe militar en quien deposita el ramo ejecutivo de
la administración pública, reservándose
el Congreso dictar el tratamiento que ha de darse a este dignísimo
jefe. Lo tendrá entendido para su más puntual
cumplimiento. —Al Supremo Poder Ejecutivo— Dr. José
Sixto Verduzco, Presidente. Lic. Cornelio Ortiz de Zárate,
Secretario.
Satisfecha
la concurrencia con esta determinación y llena de regocijo,
no pudo menos que prorrumpir en vivas nacidos del corazón,
proclamando de nuevo por Generalísimo al referido señor
Capitán General y repitiendo muchas veces estas demostraciones.
Vencido
pues el indicado señor Excmo. por las expresiones públicas
y por la autoridad del Congreso, admitió por fin el empleo,
con las cuatro condiciones siguientes: “1ª Que cuando
vengan tropas auxiliares de otra potencia, no se han de acercar
al lugar de residencia de la Suprema Junta. 2ª Que por
muerte del Generalísimo, ha de recaer el mando accidental
de las armas en el jefe militar que por graduación le
corresponda, haciéndose después la elección
como la presente. 3ª Que no se le han de negar los auxilios
de dinero y gente, sin que haya clases privilegiadas para el
servicio. 4ª Que por muerte del Generalísimo, se
ha de mantener la unidad del ejército y de los habitantes,
reconociendo a las autoridades establecidas”. Repitió
las más expresivas gracias por la confianza que de su
persona hacían y otorgó, en consecuencia, el juramento
más solemne de defender a costa de su sangre la religión
católica, la pureza de María Santísima,
los derechos de la Nación Americana, y desempeñar
lo mejor que pudiese el empleo que la Nación se había
servido conferirle.
Juró
igualmente el señor Secretario del Poder Ejecutivo,
licenciado don Juan Nepomuceno Rosainz, cumplir con todo lo
concerniente a su destino.
Finalizado
esto, propuso el señor Generalísimo que para el
mejor acierto en todo le acompañasen los concurrentes
a dar las debidas gracias al Ser Supremo, las que se rindieron
efectivamente con un solemne Te Deum que cerró
este glorioso acto y firmaron los señores vocales del
Soberano Congreso, ante mí, el infrascrito Secretario.
-Al
Supremo Poder Ejecutivo.
Dr.
José Sixto Verduzco, Presidente. Lic. Andrés Quintana.
José María Murguía y Galardi. Lic. José
Manuel de Herrera. Lic. Cornelio Ortiz de Zárate, Secretario
[rúbricas].
Hernández
y Dávalos, J.E., Colección de Documentos para
la Historia de la Guerra de Independencia de México
de 1808 a 1821, México, José María Sandoval,
Impresor, 1881. t. 5, Documento núm. 75, pp. 177-179.
(Biblioteca de “El Sistema Postal de la República
Mexicana”).