Archivos y literatura. Novelar la historia

“La historia es una disciplina de confluencias, de convergencia de intereses e imaginaciones. Sin imaginación no es posible escribir la historia y sin el peso de la historicidad es difícil encontrar el sentido de lo humano que ofrece la literatura”, dijo la directora general del Archivo General de la Nación (AGN), doctora Aurora Gómez Galvarriato, al dialogar con Agustín Ramos y Hernán Lara Zavala dentro del ciclo Conversando con nuestros historiadores.

   El 29 de abril en el auditorio “Fernando de Alva Ixtlixóchitl” del AGN se habló de “Archivos y literatura. Novelar la historia”. Al contestar el cuestionamiento de la titular del AGN, ¿cómo novelar la historia sin traicionar la verdad?, ambos escritores coincidieron en que el tratamiento de los personajes dentro de la novela histórica es libre, siempre y cuando se respeten los hechos reales. Agregaron que la novela histórica no permite repetir temas o personajes y su situación, sin brindar a los lectores nuevos datos que enriquezcan la historia y no que la traten de manera burda.

   Ramos situó este tipo de literatura en la obra de Truman Capote, quien se apoyó en géneros periodísticos y en la historia para develar la verdad en su novela A sangre fría, aunque en la novela no se pretenda llegar a una verdad absoluta sino evidenciar los acontecimientos. Cuando recurre a fuentes históricas, el escritor “incursiona en terrenos donde los historiadores no han dado luz”, pero en los que se deben de utilizar sus herramientas. Sugirió que también los historiadores retomen algunos recursos literarios para darle un sentido a la historia.

   Lara Zavala comentó que el reto principal al que se enfrenta el novelista es la depuración de la información recabada, no se trata de copiar y pegar para concretar un tema sino de “profundizar en la historia, reflexionar, dotarlo de una anécdota y sentimientos” para novelar la historia. Quizá la única veta que no han explorado los novelistas es aquella que se refiere a la visión cosmogónica y tradicional de las civilizaciones antiguas mexicanas, en un principio por la falta de especialización de temas antiguos y “las limitantes que representan el desconocimiento de lenguas vernáculas”, añadió.

   Ramos es autor de, entre otras novelas, La gran cruzada y Tú eres Pedro, basadas en el cacique hidalguense Pedro Romero de Terreros y en las que alude al que quizá sea el primer paro laboral registrado en América Latina que desembocó en la revuelta avecindada en las minas de Real del Monte en el estado de Hidalgo. El tema histórico había sido explorado por el historiador Luis Chávez Orozco.

   En la consulta de fuentes primarias, Ramos localizó las firmas de los mineros afines al movimiento y el pliego petitorio donde exigían mejores tratos, “documento que en el trabajo de Chávez Orozco representa un antecedente del artículo 123 constitucional”. Como ya existía un trabajo historiográfico de una investigadora norteamericana titulado Hacer una huelga, Ramos decidió escribir la historia posterior a ese momento, ya que, “el historiador observa cosas diferentes que el escritor”.

   Los libros Charras y Península Península de Lara Zavala, en los que su autor retoma tópicos como el sindicalismo mexicano y la guerra de castas, respectivamente, abordan temas poco explorados por los narradores. Consideró Ramos que “la historia se va haciendo día a día con acciones, actividades, con los hechos a veces cotidianos y a veces políticos”, como lo que le sucede al protagonista de Charras, texto en el que Zavala hace una distinción entre una novela testimonial y una histórica, pues en este título se planteó escribir una novela que narra la vida y asesinato de un líder de trabajadores, con recursos únicamente literarios y sin recurrir al reportaje, panfleto político o denuncia, “que de alguna manera se encuentra implícita en la novela pero que permite que el lector haga sus propios juicios”.