Corridos de la Penitenciaría del Distrito Federal, Lecumberri


En el marco del ciclo Conversando con nuestros investigadores que se lleva a cabo en el auditorio Fernando de Alva Ixtlilxóchitl del Archivo General de la Nación, la directora general del repositorio, doctora Aurora Gómez Galvarriato, consideró la presentación de Juan de Dios Vázquez como “interesante, sugerente y novedosa”, por ofrecer información del inmueble que hoy ocupa el Archivo, y por "el significado de su construcción y la traza histórica de los primeros diez años del penal”.

     El jueves 29 de julio el doctor Vázquez reflexionó en torno de los “Corridos de la Penitenciaría del Distrito Federal, Lecumberri”, sobre todo los de la inauguración (1900), auge y declive de la primera década del centro carcelario. Recordó que los corridos guardan en sus coplas la memoria histórica, política y cultural del país mediante el tratamiento de temas que narran hazañas de personajes, hechos relevantes, mitos y refranes, incluso los que cifraron los actos públicos del gobierno en turno, como la inauguración de la penitenciaria capitalina.

     El investigador reunió los corridos penitenciarios en su tesis doctoral “Entre rejas y renglones: una historia cultural del Palacio Negro de Lecumberri”, señaló que fueron creados para complementar la información propagandística de la prensa y la literatura “que sirvieron para configurar y circular la imagen oficial de lo que sería el penal”.

     El corrido en el ámbito popular fungió como un interlocutor entre el gobierno “y grupos donde la oralidad seguía siendo el sistema de transferencia mnemónica por excelencia”. En contraste, estas coplas alentaron también la transmisión de valores opuestos a los de la ideología dominante.

     Las hojas sueltas donde se asentaron los corridos facilitaron su distribución en diversos estratos de la sociedad, por lo que sus contenidos se insertaron en el imaginario público. Esas hojas se dividían en tres partes; “primero se describía el hecho narrado, posteriormente se acompañaba de una serie de versos y por último se ilustraba”.

     Entre los aproximadamente treinta corridos que aluden al penal, Vázquez destacó tres: el primero se refiere a “La próxima inauguración de la Penitenciaría en los llanos de San Lázaro”, el segundo inicia su título con “Despedimiento muy triste de los presos de Bélén…” y el tercero,  “Calavera de la Penitenciaría”, ironiza la decadente situación de la cárcel y la prevista caída del régimen porfirista.

     La parte superior de la primera hoja muestra una imagen de José Guadalupe Posada donde se ve la inmensidad del penal y la torre de control que sobrepasa la fachada del edificio, característica que “parece sugerir que el ojo de la penitenciaría no sólo vigila a los que están dentro sino también a los que están fuera”; en la parte media aparece la información con los datos y el discurso de los científicos sobre la regeneración de los internos y la parte baja es propiamente el corrido, cuyas lamentaciones funcionan como contrapunto del mensaje oficial expuesto previamente.

     En “Despedimiento muy triste de los presos Belén…”, aparece la perspectiva de un recluso reflexivo y apegado a la doctrina eclesiástica; mientras que en “Calavera de la Penitenciaría “dejan de resaltarse los avances materiales del recinto para hablar de las celdas sombrías de un penal donde no hay luz, no fulgores”.

     El también autor de Voz de naufragio, concluyó que las hojas sueltas que contienen los corridos traman la vida del penal desde la inauguración hasta su declive. En respuesta a las inquietudes planteadas por el público asistente, el doctor Vázquez esclareció datos relacionados con el periodo de planeación del penal en (1848), su construcción (1885), inauguración transformación en cárcel preventiva  y su ocaso en 1976, cuando se decidió cerrarla y, posteriormente, la transformación del inmueble en Archivo General de la Nación.