La vida cotidiana en la Casa de Moneda de México



Trabajar en la Casa de Moneda representaba el ideal de masculinidad debido a que para ello se requería de un gran esfuerzo físico derivado de las arduas labores y los cambios constantes de temperatura a los estaban expuestos los trabajadores, dijo el doctor Felipe Castro el 18 de agosto cuando participó en el ciclo Conversando con nuestros investigadores realizado en el auditorio Fernando de Alva Ixtlilxóchtl del Archivo General de la Nación.

     La directora general del AGN, Aurora Gómez Galvarriato, destacó la importancia de las fuentes utilizadas por el ponente a quien agradeció su participación en el ciclo; previamente, la directora de Investigación y Normatividad Archivística de la institución, Yolia Tortolero Cervantes se encargó de presentar al invitado y destacar su investigación minuciosa sobre los trabajadores de la Real Casa de Moneda.

     El doctor Castro comentó que mientras desarrollaba su investigación se sorprendió al encontrar mayor información en el fondo Criminal –debido al gran número de denuncias por el robo de metales, principalmente plata– que en el propio fondo Casa de Moneda, ambos resguardados en el AGN.

     La mayoría de los trabajadores eran españoles de las llamadas clases o grupos bajos que no tenían ningún tipo de título nobiliario, seguidos por indígenas, mestizos y algunas castas; por el contrario, era muy reducido el número de negros y mulatos a los que raramente se les daba empleo, ya que se les consideraba como personas en las que no se podía confiar.

El modo de vivir de los operarios

Debido a las condiciones de trabajo las enfermedades más recurrentes que sufrían los operarios de la Casa de Moneda eran: con 23% los padecimientos respiratorios, 21% las enfermedades hepáticas, y con igual porcentaje los traumas y lesiones ocasionados durante las extensas jornadas de trabajo, ya que el operario al acumular cansancio era susceptible de distracciones y, por tanto, de sufrir accidentes en hornos, prensas y cortadores; las lesiones también se derivaban de las riñas que entre ellos llegaban se suscitaban; 13% de los problemas sanitarios los causaba la sífilis, y 12% las enfermedades neurológicas.

     El doctor Castro mencionó que muchos de los trabajadores calificados como operarios pueden ser ejemplificados con los personajes de una película de Pedro Infante, pues eran borrachos, jugadores, mujeriegos y apostadores, capaces de formar sólidas amistades y de igual modo infundir odios; pero eran al mismo tiempo hábiles en el desempeño de sus labores. Al salir del trabajo o antes de ingresar, se reunían a charlar en las vinaterías y pulquerías que abrían desde las 6 de la mañana para “templarse” o curarse.

     Después de varios años de servicio, al verse incapacitados por alguna enfermedad, los trabajadores realizaban peticiones al rey para que se les concediera una especie de merced; para ello elaboraban un escrito en el que exponían sus males y aflicciones, así como los méritos y servicios por los que solicitaban el apoyo; en muchos de los casos estas peticiones se acompañaban de constancias médicas para acreditarlas; el trámite tardaba un año o más, ya que debía ser enviado a España y regresar; por ello, en muchas ocasiones el solicitante fallecía antes de obtener una respuesta.

     Para combatir el robo, que era muy frecuente en la Casa de Moneda, no siempre se aplicaba a los culpables la pena establecida en la Real Ordenanza de 1497, es decir, la muerte, porque entonces con frecuencia se hubiera requerido personal para sustituir las bajas en las actividades laborales; en cambio, se establecieron sanciones menores como el destierro, la prisión, las costas, la suspensión, los azotes y la vergüenza pública, entre otras.

     Al responder una de las muchas preguntas planteadas por el público asistente, el doctor Castro dijo que probablemente en 1809 se realizó la primera huelga en la Casa de Moneda, la cual fue planeada en la vinatería que se encontraba justo enfrente; sin embargo, el paro duró pocos días debido a que la administración y los empleados sabían lo que implicaba despedir al personal que ya se encontraba capacitado para realizar las labores.