El doctor Castro mencionó que muchos de los trabajadores calificados como operarios pueden ser ejemplificados con los personajes de una película de Pedro Infante, pues eran borrachos, jugadores, mujeriegos y apostadores, capaces de formar sólidas amistades y de igual modo infundir odios; pero eran al mismo tiempo hábiles en el desempeño de sus labores. Al salir del trabajo o antes de ingresar, se reunían a charlar en las vinaterías y pulquerías que abrían desde las 6 de la mañana para “templarse” o curarse.
Después de varios años de servicio, al verse incapacitados por alguna enfermedad, los trabajadores realizaban peticiones al rey para que se les concediera una especie de merced; para ello elaboraban un escrito en el que exponían sus males y aflicciones, así como los méritos y servicios por los que solicitaban el apoyo; en muchos de los casos estas peticiones se acompañaban de constancias médicas para acreditarlas; el trámite tardaba un año o más, ya que debía ser enviado a España y regresar; por ello, en muchas ocasiones el solicitante fallecía antes de obtener una respuesta.
Para combatir el robo, que era muy frecuente en la Casa de Moneda, no siempre se aplicaba a los culpables la pena establecida en la Real Ordenanza de 1497, es decir, la muerte, porque entonces con frecuencia se hubiera requerido personal para sustituir las bajas en las actividades laborales; en cambio, se establecieron sanciones menores como el destierro, la prisión, las costas, la suspensión, los azotes y la vergüenza pública, entre otras.
Al responder una de las muchas preguntas planteadas por el público asistente, el doctor Castro dijo que probablemente en 1809 se realizó la primera huelga en la Casa de Moneda, la cual fue planeada en la vinatería que se encontraba justo enfrente; sin embargo, el paro duró pocos días debido a que la administración y los empleados sabían lo que implicaba despedir al personal que ya se encontraba capacitado para realizar las labores. |